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CADA 25 AÑOS Y CONTINÚAN LAS NEGLIGENCIAS PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Datzeh   

click para ampliar Todos sabemos por el desastre natural que ha pasado gran parte del territorio chileno, en uno de los terremotos más intensos de la historia.

 Una historia que es familiar para este territorio y para esta república, pues desde el terremoto de 1960 de epicentro en Valdivia, catalogado como el más fuerte del mundo, cada 25 años hemos sufrido de embates similares. Primero en 1985 y ahora, otros 25 años después, el 27 de febrero del bicentenario.

 Cuando pasa algo así se pone a prueba la infraestructura de las ciudades y su operatividad vial; hemos sido testigos del colapso de muchas estructuras que no debían colapsar, sólo por el hecho de estar construidas en una comuna y no en otra. Pero también se pone a prueba la acción individual y luego la reacción colectiva del ser humano para enfrentar una catástrofe de esta magnitud. La primera es la acción durante el hecho mismo, el instinto de sobrevivencia aflora y uno “corre por su vida”, se guarece y protege a los suyos de manera automática. Luego es la reacción, más conciente, pensante, de organización para afrontar las consecuencias. El agua, la comida, el abrigo, el lugar más seguro donde pasar la noche, comunicarse con seres queridos que están lejos, etc. Es en esta reacción donde se desnuda la precaria organización de las instituciones a cargo de velar por nuestra seguridad y bienestar. Las cuales, por lo demás, están financiadas por el pueblo con su trabajo, consumo,  impuestos y hasta donaciones (como el famoso vuelto en los supermercados).

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 En uno de los países más sísmicos del planeta, las autoridades no son capaces de ayudar a la población eficazmente, con una política centralizada donde la mayoría de los recursos están en Santiago. Concepción recibe ayuda foránea dos días después de ocurrido el desastre. Nula entrega de alimentos y recursos básicos para la gente, lo que termina en inminentes saqueos a supermercados y el descontrol de la población. Entonces la represión no se hace esperar. ¿Es acaso que este país es mucho más eficiente para reprimir con la fuerza pública que para entregar ayuda y organizar pacifica y civilizadamente a la población? Es más fácil actuar con el caos encima y crear un estado de sitio con gente asustada y a punta de guanacos, que prevenir dicho caos. Sin mencionar el condoro de no avisar oportunamente a la población del maremoto, lo que hubiese salvado a pueblos completos y que ahora no existen.

 Bueno, contra este panorama hay que remar, y como siempre organizarse entre los vecinos, la solidaridad del chileno aflora y los programas de la TV se cuelgan de ella. Fuerza a todos los damnificados, a los familiares de las víctimas y a todos quienes han sido afectados de una u otra forma por este enojo de la “madre tierra” como dijera Evo Morales, que quizás de alguna manera tiene razón.

 
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